Leyendo el folleto turístico que me han dado en la oficina de Turismo de Teruel me he decidido por este último viaje por la provincia turolense: aires sanos, noches oscuras llenas de constelaciones, parajes naturales sorprendentes, pueblos de montaña con mucha historia, exquisita gastronomía cuyo emblema es la trufa negra... motivos suficientes que me llevan a la Sierra de Gúdar - Javalambre.
Mi primer contacto con esta región turolense se va a reducir a visitar dos pueblos encantadores: Mora y Rubielos. Aprovecho una parada para disfrutar de este paisaje, mientras conduzco desde Teruel, capital.
Siguiendo las indicaciones de Google Map, me dirijo a Mora de Rubielos
Aparco en un sitio cercano al mercado semanal del pueblo. He tenido suerte. No me detengo en el mercado y voy directo hacia la plaza. Es el centro de la localidad y posee ejemplos de arquitectura civil, como son el Ayuntamiento y varias casas nobles. Guiándome por los carteles informativos, camino desde la Plaza hacia la Ex-Colegiata de Santa María (XV)
. Se trata de una obra gótica construida a base de piedra sillar.
Doy una vuelta por el exterior a la espera de que abran la iglesia. Voy leyendo lo que me dice Wikipedia. El edificio posee una torre con tres cuerpos cuadrados y un cuarto octogonal, en el que se encuentran las campanas (una de ellas data de 1476).
La entrada está protegida por una reja, que da paso a un pórtico con bóvedas de crucería y fachada en dos cuerpos: el primero de columnas dóricas, y el segundo con hornacinas, en las que se encuentra la titular del templo y el escudo de Rubielos. Doy fe de todo ello.

Un señor del pueblo, a otros dos turistas y a mí nos abre la puerta. Parece que tiene prisa.
El templo es de planta rectangular con una sola nave y capillas laterales; cuento seis en total, que están dedicadas a diferentes usos o santidades.
En la Capilla del Salvador se guarda uno de los tesoros más valiosos, el gran retablo de la Virgen, de estilo gótico.

Salgo de la Colegiata y subo hacia el Castillo que está aquí al lado. La verdad es el edificio que se ve desde cualquier parte del pueblo.

Un señor del pueblo, a otros dos turistas y a mí nos abre la puerta. Parece que tiene prisa.
El templo es de planta rectangular con una sola nave y capillas laterales; cuento seis en total, que están dedicadas a diferentes usos o santidades.
En la Capilla del Salvador se guarda uno de los tesoros más valiosos, el gran retablo de la Virgen, de estilo gótico.

Salgo de la Colegiata y subo hacia el Castillo que está aquí al lado. La verdad es el edificio que se ve desde cualquier parte del pueblo.
El Castillo-Palacio de los Fernández Heredia (XIV) una auténtica mole de piedra, dominadora de la villa, que se alza directamente sobre una plataforma rocosa.
Construido en el último tercio del siglo XIV, prolongándose hasta la primera mitad del siglo XV. El castillo fue habitado por los Fernández de Heredia hasta el año 1.614, momento en que lo cedieron a los monjes franciscanos; éstos permanecieron allí hasta la exclaustración de Mendizábal (1.835).
No se concibió exclusivamente con una finalidad castrense, sino también residencial, por lo que combina elementos diversos: algunos típicos de la arquitectura castrense (torreones, saeteras, troneras, adarve, etc.) y otros de raigambre palaciega y señorial, como la disposición de las diversas estancias en torno a un patio central.



En el patio se va a celebrar algún acto y lo están preparando. Doy una vuelta por las arcadas donde hay una exposición de armas de la época.

Subo a la segunda planta donde estaba la residencia palaciega y posteriormente los aposentos de los monjes. Las cruces en los muros revelan el paso de la orden francscana.



Subo a la segunda planta donde estaba la residencia palaciega y posteriormente los aposentos de los monjes. Las cruces en los muros revelan el paso de la orden francscana.
Recorro la galería. Me siento como un intruso palaciego, pero nadie se opone a mi insolencia...
Buenas vistas desde la segunda planta; el patio me encanta. El ripio es del rapsoda o mejor del bufón del palacio.
Alguien desde abajo, me llama la atención. Van a cerrar para comenzar el acto programado.
Todavía me da tiempo a visitar los sótanos.
La calle de Las Cruces, se inicia en un arco de medio punto rematado por tres pináculos, construido en 1801, Es de sillería, al igual que los pilones que marcan las catorce estaciones del Viacrucis. Termina en un arco similar, junto a la ermita de La Dolorosa, s. XVI



Tras hacer el viacrucis y después de una subida que me deja sin aliento me encuentro con las Torres.
Estos altos baluartes y la muralla, parcialmente tallada en la cantera, son el mejor exponente del segundo recinto fortificado de Mora de Rubielos
Otra peculiaridad de este pueblo son sus puertas medievales de entrada al pueblo más antiguo.
Esta es la primera con la que me encuentro: El Portal de Alcalá o de Los Olmos .Es una Puerta flanqueada por dos torres unidas mediante un puente en su parte superior. El muro frontal que las une descansa sobre un arco .
Ya lo que me queda por visitar es el Puente Viejo o 'del Milagro' consta de dos arcos (uno ligeramente apuntado y otro rebajado) y un tamajar de sillería, sobre el que se ha restaurado el pilón del Milagro.
No encuentro a nadie que me explique lo del milagro. El pilón contiene una virgen.

Me despido de Mora, cojo el coche y me dirijo a Rubielos de Mora que está a poca distancia.
El pueblo, en su mayoría, queda enmarcado en las murallas que protegían la villa, y de las que todavía hoy podemos admirar dos torres puerta, el Portal de San Antonio ...
El origen moderno de Rubielos de Mora se remonta al siglo XII. En 1248 Jaime I incorporó la población al reino de Valencia. En 1270 pasó definitivamente a pertenecer al reino de Aragón, convirtiéndose en uno de los núcleos turolenses más importantes durante la Baja Edad Media.
Pedro IV El Ceremonioso la convirtió en villa en 1366.

En la oficina de turismo me dan un plano y me indican un circuito que parte de aquí mismo y te ayuda a conocer la zona de casas y palacios ilustres de la villa.





Arquitectura típica aragonesa de los siglos XVI, XVII y XVIII: Portalón y piso bajo, primer piso residencia con balcones y7 piso superior aterrazado...
Y el remate es buscar las aldabas en forja de Rubielos. Verdaderas obras de arte. Me recuerda a las casonas coloniales de Cartagena de Indias.






Ya me encontré en Teruel capital con la afición a estos toros embolados... No la comparto, lo siento.
oy a buscar un restaurante que me han recomendado para comer un buen ternasco...