Loarre
La mejor manera de conocer el pueblo es callejear. Me voy a encontrar con el puente «románico», caserones medievales en mejor o peor estado de conservación con sus escudos nobiliarios sobre la puerta, una fuente de tres caños renacentista, la Iglesia Parroquial de San Esteban (del siglo XVI) y varias ermitas
Esta iglesia de San Esteban se levantó en el siglo XVIII sobre una edificación del siglo XVI de la que sólo se conserva la torre y la capilla que contiene en su piso inferior.
Éste ordenó la construcción de la torre del Homenaje, al tiempo que se estableció en torno al castillo, al abrigo de su prosperidad, un pequeño núcleo de población.
El máximo esplendor del Castillo de Loarre llegó a finales de ese mismo siglo, gracias al rey Sancho Ramírez, que lo reformó y amplió y que, finalmente, dio a la construcción la configuración con la que ha llegado hasta nuestros días.
Muy importantes fueron las reformas de finales del siglo XI y principios del XII, pues son las que dieron a la mayor parte de las construcciones del Castillo del Loarre su característico estilo románico jacetano. También se construyó el monasterio y la iglesia que fueron ocupados en un principio por una comunidad de monjes agustinos. Con esto, Sancho Ramírez logró dar al Castillo de Loarre, aparte de su lógica función militar, una dimensión espiritual que se mantuvo a lo largo de varios siglos.
No obstante, buena parte de la construcción se mantuvo en pie, hasta que a principios del siglo XX se declaró Monumento Nacional y se acometió su restauración.
El Castillo de Loarre se encuentra a 1.070 metros de altura, en la ladera de una empinada montaña y ocupa una extensión de unos 2.200 metros cuadrados.
Voy acercándome y desde el coche me llama la atención la silueta del castillo; al pie de sus murallas mi admiración se acrecienta, dado el magnífico estado de todo el conjunto. De hecho, se considera el castillo románico mejor conservado del mundo.
Sin duda, lo más llamativo de la parte exterior del castillo son las murallas, en parte adosadas a las construcciones de la propia fortaleza. Se prolongan en un arco de unos 200 metros, sustentadas por siete torreones semicirculares y uno más de planta cuadrada.
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