domingo, 26 de abril de 2026

Huesca , Jaca

 



  Enclavada en la salida del valle del río Aragón, en la depresión de la Canal de Berdún, Jaca ejerce de capital del Pirineo aragonés, como centro turístico estrechamente vinculado al patrimonio histórico que atesora, al Camino de Santiago y a los deportes de invierno.


No es casualidad que Jaca exista desde hace siglos. Primero, es lugar de paso de la variante aragonesa del Camino Francés a Santiago, una parada en la milenaria ruta tras cruzar los Pirineos. También ha sido un punto estratégico en la salida hacia Francia por el valle del Aragón y el paso de Somport. Pero además ha sido un lugar de poder militar y religioso que ha perdurado a lo largo de los años.



Ciudadela de Jaca  es, sin duda, uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar de España.

En el exterior, muros, foso, torres, baluartes y puertas destacan por su perfección y belleza. 

En el interior, el gran patio central nos da idea del calibre que esta fortificación cobró en su día. 
                                     

La más famosa, la del Museo de Miniaturas Militares, una sensacional colección de 32.000 figuritas de plomo que recrean famosas batallas de la historia. También hay varias salas dedicadas al Regimiento de Montaña del Ejército Español, cuyo cuartel está en Jaca.


La Ciudadela de Jaca sirvió también de campo de concentración de prisioneros republicanos durante la Guerra Civil.



Catedral de Jaca 
   La Catedral de San Pedro de Jaca es el otro gran monumento de la capital de la Jacetania. Un templo que se comenzó a construir hace casi un milenio, siendo hoy una de las iglesias más antiguas del Románico español y una de sus obras fundamentales. Un punto indispensable en el paso de la variante aragonesa del Camino de Santiago.
   Durante el siglo XI, Jaca logró el título de ciudad de la mano del rey Sancho Ramírez en 1077 y el estatus de diócesis, lo que obligaba a construir una catedral en la villa.


La catedral conserva su estilo románico, presente en su planta de tres naves y cinco crujías, ábsides y dos puertas de acceso. Como en todo templo románico actual, su estudio es un libro de historia abierto de par en par, con una sucesión de estilos donde se encuentran elementos góticos y barrocos, fruto de la evolución del templo a lo largo del tiempo.

                              



  

El interior de la catedral cuenta con una interesante decoración en forma de capiteles y ménsulas.


                                                   


      

               

         

La parte que rodea al claustro de la Catedral de Jaca alberga el Museo Diocesano, otra de las joyas de la localidad. En su interior se esconde una de las mejores colecciones de pintura mural románica del mundo, además de otro tipo de piezas de arte medieval.



El elemento más importante del Museo Diocesano son las pinturas de Bagües, de finales del siglo XI, procedentes de la iglesia de los santos Julián y Basilisa de esta localidad zaragozana. Muchos apodan a esta sala la ‘Capilla Sixtina del Románico español’, también por su representación del Antiguo y del Nuevo Testamento.


Centro histórico de Jaca

Una ciudad como Jaca, con tanta relevancia a lo largo de los siglos, merece un rico centro histórico. Y así es. De hecho, esta considerado como Bien de Interés Cultural. En él, destacan monumentos como las citadas Ciudadela y Catedral, pero también el edificio del Ayuntamiento, de mediados del siglo XVI, con su característica Torre del Reloj. El Ayuntamiento acoge algunas obras de interés artístico e histórico, como un crismón del siglo XII procedente de la ermita de Sarsa.

Otro ejemplo representativo del centro histórico de Jaca es el monasterio de las Benedictinas, también del siglo XVI, con la aneja iglesia de San Ginés, que conserva una portada románica.

No menos interesante resulta la ruta por los edificios modernistas de Jaca, levantados a principios del XX tras el derribo de la muralla medieval. El artífice de la llegada del Modernismo a Jaca fue Francisco Lamolla, encargado por el municipio de diseñar un nuevo trazado urbano.

De ese periodo destacan construcciones como las que se sitúan en los números 5, 7 y 12 de la avenida Primer Viernes de Mayo, el palacete del Marqués de la Cadena o el comercio situado en la calle Echegaray, al más puro estilo Glasgow.













































Mirador del Fuerte de Rapitán

Sin duda, este es el mejor lugar para llevarse en las retinas (y en el teléfono móvil) una imagen de conjunto de la ciudad de Jaca y de las montañas pirenaicas que la enmarcan, incluida la Peña Oroel.




Situado a más de 1.100 metros de altitud, el mirador se encuentra junto a la fortaleza de Rapitán, construcción de finales del siglo XIX desde donde se domina un impresionante paisaje entre lo urbano y lo natural. Como curiosidad, fue precisamente en este lugar adonde llegaron algunos de los principales avances tecnológicos de principios del siglo XX: el telégrafo, el teléfono y el alumbrado por electricidad.



Tanto el fuerte como el mirador se encuentran a tan solo diez minutos en coche de Jaca, a través de una serpenteante carretera que, en sí misma, es otro atractivo de la localidad.

viernes, 24 de abril de 2026

Huesca, San Juan de la Peña y Santa Cruz de Serós

 

San Juan De la Peña
Considerado este lugar por la tradición como la cuna del Reino de Aragón, fue parada habitual del Camino de Santiago y lugar de leyendas. Entre ellas destaca la que vincula este lugar con el Santo Grial. 

Los auténticos orígenes del monasterio se pierden en la oscuridad de los tiempos altomedievales y se le ha supuesto refugio de eremitas, aunque los datos históricos nos conducen a la fundación de un pequeño centro monástico dedicado a San Juan Bautista en el siglo X, del que sobreviven algunos elementos. Arruinado a fines de dicha centuria, fue refundado bajo el nombre de San Juan de la Peña por Sancho el Mayor de Navarra en el primer tercio del siglo XI. Fue este monarca quien introdujo en él la regla de San Benito, norma fundamental en la Europa medieval. A lo largo de dicho siglo, el centro se amplió con nuevas construcciones al convertirse en panteón de reyes y monasterio predilecto de la incipiente monarquía aragonesa que lo dotó con numerosos bienes.

                         


Y decimos “monasterios” en plural porque, efectivamente, dos son los establecimientos monásticos que, bajo la advocación de San Juan, fueron fundados en este recóndito rincón prepirenaico: uno altomedieval al abrigo de un enorme peñón que centrará principalmente nuestra atención; y un segundo levantado unos cientos de metros más arriba entre los siglos XVII y XVIII como consecuencia del pavoroso incendio que, un 24 de febrero de 1675, asoló el monasterio bajo. 
 El Monasterio de San Juan de la Peña se convirtió desde los años finales del siglo XI y durante todo el XII en una de las plazas de referencia para la monarquía aragonesa, desempeñando incluso la función de panteón real. 
Tras la invasión francesa y, sobre todo, tras la Desamortización, ambos monasterios quedarían abandonados, siendo posteriormente declarados Monumento Nacional en 1923 y 1889 respectivamente, procediéndose a su restauración y adecuación para el turismo, existiendo en la actualidad un centro de interpretación, una hospedería e incluso un pequeño museo.   

                                 


Monasterio viejo
Cubierto por la enorme roca que le da nombre, el conjunto abarca una amplia cronología que comienza en el siglo X y aparece perfectamente mimetizado con su excepcional entorno natural


 

                                     En su interior destacan la iglesia prerrománica,


las pinturas de San Cosme y San Damián, del siglo XII

 

 
        

el denominado Panteón de Nobles, la iglesia superior, consagrada en 1094

           

Panteón Real Medieval
Fue el lugar de enterramiento de los primeros reyes de Aragón, es visible y está acondicionado. El espacio anexo de la masadería expone varias laudas sepulcrales y muestra información sobre el linaje de estos reyes, así como los resultados del estudio de los restos exhumados. 

  


                    

A todo ello hay que sumar otros edificios posteriores a los siglos medievales, entre los que cabe señalar el Panteón Real, de estilo neoclásico, erigido en el último tercio del siglo XVIII.


                                La capilla gótica de San Victorián

      
    
El magnífico claustro románico, obra de dos talleres diferentes. 

      

               
                                                              
Una fecha significativa fue la del 22 de marzo de 1071, cuando el Monasterio de San Juan de la Peña fue el escenario de la introducción, por primera vez en la Península Ibérica, del rito litúrgico romano, seguido en toda la Iglesia de Occidente, que ponía fin al antiguo rito hispano-visigótico y suponía la acomodación definitiva de la iglesia aragonesa a las pautas marcadas por el Pontificado.

Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XII se inició una cierta decadencia que se acentuó en el periodo siguiente, y aún más a partir del siglo XIV. Fueron las características de esta época el final de las donaciones, las pérdidas patrimoniales, los múltiples pleitos ante numerosas instancias, y especialmente con los obispados donde estaban ubicadas sus propiedades (Jaca-Huesca, Pamplona y Zaragoza), las deudas, el deterioro de las construcciones por su peculiar ubicación y diversos incendios que resultaron devastadores. Con el último de ellos, en 1675, que duró tres días, se perdió la habitabilidad necesaria para la vida monacal, por lo que se planificó la edificación del Monasterio Nuevo.
Espacio expositivo del Monasterio Viejo
Frente al panteón de los reyes se ubica una zona museística dedicada al Monasterio y a la figura de Pedro Pablo Abarca de Bolea, X Conde de Aranda, cuyos restos descansan en el panteón de nobles del monasterio.
Dividida en tres salas, muestra la importancia del cenobio como centro político, religioso y artístico y la relación del Conde de Aranda con el mismo. La sala principal muestra la casaca mortuoria del Conde junto con una reproducción facial del mismo. En las otras dos salas se encuentran restos arqueológicos y arquitectónicos aparecidos en el entorno del Monasterio, entre los que destacan capiteles y fragmentos de decoraciones. Estos fondos museográficos, adscritos al Museo de Huesca, están contextualizados con textos y paneles informativos.

Monasterio Niuevo



Santa Cruz de Serós


                                              

      





  

ermita de San Caprasio