San Juan De la Peña
Considerado este lugar por la tradición como la cuna del Reino de Aragón, fue parada habitual del Camino de Santiago y lugar de leyendas. Entre ellas destaca la que vincula este lugar con el Santo Grial.
Los auténticos orígenes del monasterio se pierden en la oscuridad de los tiempos altomedievales y se le ha supuesto refugio de eremitas, aunque los datos históricos nos conducen a la fundación de un pequeño centro monástico dedicado a San Juan Bautista en el siglo X, del que sobreviven algunos elementos. Arruinado a fines de dicha centuria, fue refundado bajo el nombre de San Juan de la Peña por Sancho el Mayor de Navarra en el primer tercio del siglo XI. Fue este monarca quien introdujo en él la regla de San Benito, norma fundamental en la Europa medieval. A lo largo de dicho siglo, el centro se amplió con nuevas construcciones al convertirse en panteón de reyes y monasterio predilecto de la incipiente monarquía aragonesa que lo dotó con numerosos bienes.
Y decimos “monasterios” en plural porque, efectivamente, dos son los establecimientos
monásticos que, bajo la advocación de San Juan, fueron fundados en este recóndito rincón
prepirenaico: uno altomedieval al abrigo de un enorme peñón que centrará principalmente
nuestra atención; y un segundo levantado unos cientos de metros más arriba entre los siglos
XVII y XVIII como consecuencia del pavoroso incendio que, un 24 de febrero de 1675, asoló
el monasterio bajo.
El Monasterio de San Juan de la Peña se convirtió desde los años finales del siglo XI y
durante todo el XII en una de las plazas de referencia para la monarquía aragonesa, desempeñando incluso la función de panteón real.
Tras la invasión francesa y, sobre todo, tras la Desamortización, ambos monasterios quedarían abandonados, siendo posteriormente declarados Monumento Nacional en 1923 y
1889 respectivamente, procediéndose a su restauración y adecuación para el turismo, existiendo en la actualidad un centro de interpretación, una hospedería e incluso un pequeño
museo.
Monasterio viejo
Cubierto por la enorme roca que le da nombre, el conjunto abarca una amplia cronología que comienza en el siglo X y aparece perfectamente mimetizado con su excepcional entorno natural
el denominado Panteón de Nobles, la iglesia superior, consagrada en 1094
Fue el lugar de enterramiento de los primeros reyes de Aragón, es visible y está acondicionado. El espacio anexo de la masadería expone varias laudas sepulcrales y muestra información sobre el linaje de estos reyes, así como los resultados del estudio de los restos exhumados.
A todo ello hay que sumar otros edificios posteriores a los siglos medievales, entre los que cabe señalar el Panteón Real, de estilo neoclásico, erigido en el último tercio del siglo XVIII.
El magnífico claustro románico, obra de dos talleres diferentes.
Una fecha significativa fue la del 22 de marzo de 1071, cuando el Monasterio de San Juan de la Peña fue el escenario de la introducción, por primera vez en la Península Ibérica, del rito litúrgico romano, seguido en toda la Iglesia de Occidente, que ponía fin al antiguo rito hispano-visigótico y suponía la acomodación definitiva de la iglesia aragonesa a las pautas marcadas por el Pontificado.
Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XII se inició una cierta decadencia que se acentuó en el periodo siguiente, y aún más a partir del siglo XIV. Fueron las características de esta época el final de las donaciones, las pérdidas patrimoniales, los múltiples pleitos ante numerosas instancias, y especialmente con los obispados donde estaban ubicadas sus propiedades (Jaca-Huesca, Pamplona y Zaragoza), las deudas, el deterioro de las construcciones por su peculiar ubicación y diversos incendios que resultaron devastadores. Con el último de ellos, en 1675, que duró tres días, se perdió la habitabilidad necesaria para la vida monacal, por lo que se planificó la edificación del Monasterio Nuevo.
Espacio expositivo del Monasterio Viejo
Frente al panteón de los reyes se ubica una zona museística dedicada al Monasterio y a la figura de Pedro Pablo Abarca de Bolea, X Conde de Aranda, cuyos restos descansan en el panteón de nobles del monasterio.Dividida en tres salas, muestra la importancia del cenobio como centro político, religioso y artístico y la relación del Conde de Aranda con el mismo. La sala principal muestra la casaca mortuoria del Conde junto con una reproducción facial del mismo. En las otras dos salas se encuentran restos arqueológicos y arquitectónicos aparecidos en el entorno del Monasterio, entre los que destacan capiteles y fragmentos de decoraciones. Estos fondos museográficos, adscritos al Museo de Huesca, están contextualizados con textos y paneles informativos.
Monasterio Niuevo
Santa Cruz de Serós
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