Considerado este lugar por la tradición como la cuna del Reino de Aragón, fue parada habitual del Camino de Santiago y lugar de leyendas. Entre ellas destaca la que vincula este lugar con el Santo Grial. Considerado por la tradición como la cuna del Reino de Aragón, fue parada habitual del Camino de Santiago y lugar de leyendas. Entre ellas destaca la que vincula este lugar con el Santo Grial.
Monasterio viejo
Los auténticos orígenes del monasterio se pierden en la oscuridad de los tiempos altomedievales y se le ha supuesto refugio de eremitas, aunque los datos históricos nos conducen a la fundación de un pequeño centro monástico dedicado a San Juan Bautista en el siglo X, del que sobreviven algunos elementos. Arruinado a fines de dicha centuria, fue refundado bajo el nombre de San Juan de la Peña por Sancho el Mayor de Navarra en el primer tercio del siglo XI. Fue este monarca quien introdujo en él la regla de San Benito, norma fundamental en la Europa medieval. A lo largo de dicho siglo, el centro se amplió con nuevas construcciones al convertirse en panteón de reyes y monasterio predilecto de la incipiente monarquía aragonesa que lo dotó con numerosos bienes.
Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XII se inició una cierta decadencia que se acentuó en el periodo siguiente, y aún más a partir del siglo XIV. Fueron las características de esta época el final de las donaciones, las pérdidas patrimoniales, los múltiples pleitos ante numerosas instancias, y especialmente con los obispados donde estaban ubicadas sus propiedades (Jaca-Huesca, Pamplona y Zaragoza), las deudas, el deterioro de las construcciones por su peculiar ubicación y diversos incendios que resultaron devastadores. Con el último de ellos, en 1675, que duró tres días, se perdió la habitabilidad necesaria para la vida monacal, por lo que se planificó la edificación del Monasterio Nuevo.
Fue el lugar de enterramiento de los primeros reyes de Aragón, es visible y está acondicionado. El espacio anexo de la masadería expone varias laudas sepulcrales y muestra información sobre el linaje de estos reyes, así como los resultados del estudio de los restos exhumados.
Espacio expositivo del Monasterio Viejo
Frente al panteón de los reyes se ubica una zona museística dedicada al Monasterio y a la figura de Pedro Pablo Abarca de Bolea, X Conde de Aranda, cuyos restos descansan en el panteón de nobles del monasterio.
Dividida en tres salas, muestra la importancia del cenobio como centro político, religioso y artístico y la relación del Conde de Aranda con el mismo. La sala principal muestra la casaca mortuoria del Conde junto con una reproducción facial del mismo. En las otras dos salas se encuentran restos arqueológicos y arquitectónicos aparecidos en el entorno del Monasterio, entre los que destacan capiteles y fragmentos de decoraciones. Estos fondos museográficos, adscritos al Museo de Huesca, están contextualizados con textos y paneles informativos.
Desde la distancia, el Castillo de Loarre llama la atención por su tamaño y espectacularidad. También por su ubicación, ya que está en las faldas de la sierra a la que da su nombre, límite de la comarca conocida como Hoya de Huesca. Una inmensa llanura que, en buena parte, puede dominarse desde las alturas de esta fortaleza.
Si llamativa es la silueta del castillo desde la lejanía, a pie de sus elevadas murallas la admiración se acrecienta, dado el magnífico estado de todo el conjunto. De hecho, se considera el castillo románico mejor conservado del mundo. También es uno de los más completos. Así que una vez dentro del recinto es fácil dejar vagar la mente hasta la época medieval e imaginar la forma de vida de cuantos vivieron, trabajaron y defendieron este lugar.
ños 70 de aquel siglo, y ocupados en un principio por una comunidad de religiosos agustinos. Con esto, Sancho Ramírez logró dar al Castillo de Loarre, aparte de su lógica función militar, una dimensión espiritual que se mantuvo a lo largo de varios siglos.La historia del Castillo de Loarre comienza a principios del siglo XI, en tiempos del rey Sancho III, que decidió construir aquí una torre, más simbólica que defensiva, tras la conquista de la comarca a las tropas musulmanas, asentadas en la zona desde varios siglos atrás.
No obstante, diversos historiadores mantienen que, mucho antes de que se colocara la primera piedra del Castillo de Loarre, ya hubo aquí un asentamiento durante la época romana, conocido como Calagurris Fibularia.En cualquier caso, a todo lo largo del siglo XI, a la torre inicial se le adosaron diversas construcciones defensivas. Sobre todo, a partir del momento en que el Castillo de Loarre pasó a manos del rey Ramiro I.
Éste ordenó la construcción de la torre del Homenaje, al tiempo que se estableció en torno al castillo, al abrigo de su prosperidad, un pequeño núcleo de población.
El máximo esplendor del Castillo de Loarre llegó a finales de ese mismo siglo, gracias al rey Sancho Ramírez, que lo reformó y amplió y que, finalmente, dio a la construcción la configuración con la que ha llegado hasta nuestros días.
Incluido el monasterio y la iglesia, levantados en los años 70 de aquel siglo, y ocupados en un principio por una comunidad de religiosos agustinos. Con esto, Sancho Ramírez logró dar al Castillo de Loarre, aparte de su lógica función militar, una dimensión espiritual que se mantuvo a lo largo de varios siglos.
Muy importantes fueron las reformas de finales del siglo XI y principios del XII, pues son las que dieron a la mayor parte de las construcciones del Castillo del Loarre su característico estilo románico jacetano.
Tras la retirada de los musulmanes de esta zona de la Península Ibérica, la fortaleza perdió su función militar. No así la religiosa, que se mantuvo hasta el siglo XVI, cuando este recinto fue prácticamente abandonado.No obstante, buena parte de la construcción se mantuvo en pie, hasta que a principios del siglo XX se declaró Monumento Nacional y se acometió su restauración. Desde hace unos años, además, el Castillo de Loarre es firme candidato a ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Qué se puede visitar en el Castillo de Loarre
El Castillo de Loarre se encuentra a 1.070 metros de altura, en la ladera de una empinada montaña y ocupa una extensión de unos 2.200 metros cuadrados. Tan interesante es la visita a la parte interior del castillo como a la exterior, con su espectacular cinturón amurallado casi completo.
Exterior del Castillo de Loarre
Sin duda, lo más llamativo de la parte exterior del castillo son las murallas, en parte adosadas a las construcciones de la propia fortaleza. Se prolongan en un arco de unos 200 metros, sustentadas por siete torreones semicirculares y uno más de planta cuadrada. La anchura de los muros permitió practicar sobre la superficie un camino de ronda a finales del siglo XIII.
También es destacable la torre albarrana, que se supone fue el campanario de un templo desaparecido hace siglos. Se sitúa junto al camino de acceso al interior del castillo.
Interior del Castillo de Loarre
La parte más importante de la actual estructura del Castillo de Loarre es la iglesia de San Pedro, que es también el elemento más llamativo de la fortaleza desde el exterior. El templo fue mandado construir por Sancho Ramírez y en él destaca tanto el historiado ábside como la cúpula, que debía coronar su crucero, imposible de construir por la orografía y limitación de espacio del terreno.
En el conjunto, además, destaca la silueta de la torre del Homenaje, que es una de las edificaciones militares mejor conservadas de la época, con una altura de 31 metros. También se han conservado de forma prodigiosa tanto el pozo, incluido el brocal, como el aljibe, con sus bóvedas de medio cañón.





