Cantavieja, capital de la comarca del Maestrazgo, está situada sobre un peñón calizo a 1300 metros de altitud, en un extremo que hace que pareciera que se fuera a precipitar. Actualmente cuenta con 700 habitantes y es la localidad más poblada de la comarca.
Su trazado medieval, sus miradores, monumentos arquitectónicos y la relevancia de su pasado histórico permitieron que esta localidad fuera declarada Conjunto Histórico Artístico en 1981. Pero su importancia no se estancó ahí. Posteriormente se incluyó en la lista de los “Pueblos más Bonitos de España”.
A lo largo de su historia, por Cantavieja han pasado numerosos grupos de relevancia histórica. Templarios, Sanjuanistas y Carlistas han dejado su sello en la localidad en forma de arquitectura, historia, recuerdos y leyendas que aún conservan su encanto. En concreto, nos vamos a centrar en su historia durante las Guerras Carlistas, pues fue un enclave fundamental. Fue la residencia de uno de los personajes más influyentes en la historia reciente de la comarca, “El Tigre del Maestrazgo” Ramón Cabrera. Desgraciadamente, ese periodo tuvieron como consecuencia el deterioro de numerosas fortificaciones, especialmente de su Castillo. De él únicamente se conservan varios torreones de su recinto murado. Hoy en día, el visitante puede conocer el desarrollo e influencias de estos conflictos gracias al Museo de las Guerras Carlistas.
El centro histórico de Cantavieja
El conjunto arquitectónico del interior de la villa es ciertamente espectacular. Destaca especialmente la Plaza Porticada, una de las más bellas de Aragón. Está presidida por la Casa del Concejo, de origen gótico, y por la espectacular Iglesia de la Asunción, de estilo barroco, que sigue el modelo de la Basílica del Pilar de Zaragoza.
Museo de las Guerras Carlistas de Cantavieja
El museo se encuentra en una casa del siglo XVII, en la calle principal de Cantavieja, que lleva a la impresionante Plaza Mayor. Desde allí se propone un viaje en el tiempo para descubrir aquellas montañas que en el siglo XIX saltaron a la primera plana de la actualidad como reducto de la insurgencia carlista.
El siglo XIX fue un siglo de conflictos para los pueblos de la comarca. Cantavieja se convierte en capital del carlismo y desde sus murallas medievales el general Cabrera irá conformando un fuerte ejército. El mito de Cabrera se extiende como la pólvora desde estas montañas y su fama de feroz combatiente lo convierte en “El tigre del Maestrazgo”.
En el museo se encuentra una maqueta de la toma de Mirambel, un cañón fundido en Cantavieja, réplica exacta del original, grabados de las principales plazas fuertes, e ilustraciones y caricaturas de la prensa de la época, libros de viajes y biográficos, etc. Además, hay un centro de documentación relacionado con las guerras civiles del siglo XIX.
Frecuentemente denominada “una joya entre murallas”,
la villa de Mirambel está incluida en la lista de “Pueblos más Bonitos de España”, es Conjunto Histórico Artístico y fue galardonada con el premio Europa Nostra.
La belleza de Mirambel
Su recinto amurallado es uno de los mejor conservados de la provincia de Teruel. Ha logrado conservar los cinco portales que han llegado hasta nuestros días, los cuatro torreones y el Castillo-Palacio, que cuenta con interesantes fases templaria y sanjuanista.
También se puede encontrar el mejor conjunto de casas solariegas de la Edad Moderna de la Comarca. Destacan por encima del resto las casonas de los Aliaga y de los Castellot, sin desmerecer la de los Julianes o la de los Barceló. Eso sin desmerecer las casas de piedra con excelentes rejerías y carpinterías. Otros edificios remarcables de la Villa son las Casas Consistoriales, con su típica lonja en esquina, el Convento de las Agustinas, que comprende la Iglesia de Santa Catalina y las famosas celosías del Portal de las Monjas, así como la Iglesia de Santa Margarita. P
Mirambel ha servido de inspiración a numerosos artistas y escritores. En 1931 Pio Baroja escribió “La venta de Mirambel” con las historias y leyendas que recogió en su estancia en la Villa. Algo similar ocurrió con Antón García Abril, que encontró inspiración en el municipio para componer su obra para piano “Preludios de Mirambel”.
El mundo del cine también se ha visto atraído por esta pequeña población, en 1986 la localidad se transformó por primera vez en un plató para rodar varias escenas de la serie “Clase Media”. Esta película está protagonizada por Charo Lopez, Antonio Resines y Antonio Ferrandiz. Diez años después se rodaron escenas de “En Brazos de una mujer madura” en la ermita de la Torre de Santana, una masía ubicada en el término municipal. Finalmente, logró alcanzar una gran notoriedad con “Tierra y Libertad” (1994). Esta película transformó Mirambel durante el mes y medio que duró la grabación, dejando una gran huella en todos sus habitantes.
Morella, ciudad medieval.
Situada en el extremo norte de la Comunidad Valenciana y a sólo 60 kilómetros de la costa, Morella aparece en los ojos del visitante envuelta del encanto que le transmiten la posición estratégica, que llena el paisaje, y las murallas centenarias coronadas por el robusto castillo a más de mil metros de altura. Sus dieciséis torres, seis portales y casi dos quilómetros de muralla configuran una silueta única, coronada por el imponente castillo. Declarada Conjunto Histórico-Artístico, con un excelente trabajo de rehabilitación municipal que ha sido reconocido por las ciudades Patrimonio de la Humanidad con el premio Patrimonio y que posee la declaración de la UNESCO en el abrigo rupestre de Morella la Vella, esta ciudad te seducirá también por su tradición, monumentos, gastronomía, folklore y su entorno.
Quien no haya oído hablar nunca de Morella es porque vive en otra galaxia. Situada en lo alto de una montaña y coronada por un castillo, marca un perfil imponente en la parte más septentrional de la Comunidad Valenciana. Escenario de encrucijadas, fue una importante plaza medieval durante la vigencia de la Corona de Aragón y experimentó episodios históricos notables, creando una serie de monumentos y edificios destacados en el recorrido establecido para saber qué ver en Morella.
Territorio ganadero y con un importante pasado textil, en las últimas dos décadas ha hecho una apuesta decidida por el turismo. Recursos patrimoniales no le faltan. El empuje de sus vecinos y unos procesos de rehabilitación que combinan el respeto por lo genuino con lo contemporáneo han hecho el resto. En esta pequeña joya entre montañas, perderse por sus calles o coronar su castillo es revivir la historia en carne propia.
En cualquier caso, a Morella hay que admirarla por su interior, pero también por su silueta. Por eso, antes de adentrarnos en sus entrañas, merece la pena hacer una parada en el mirador situado en la carretera CV-12 desde donde se obtiene una panorámica perfecta de la ciudad, con sus casi dos kilómetros de muralla, dieciséis torres y seis portales que delimitan un casco urbano sobre el cual, imponente, se alzan los restos del castillo. En días soleados, y también en los nublados, su belleza es sobrecogedora.
Las Torres de Sant Miquel
Metámonos de lleno en harina. O lo que es lo mismo, atravesemos sus murallas. Debemos hacerlo por las Torres de Sant Miquel que, además, son visitables para el público. Es importante reseñar que la circulación de vehículos a motor está -acertadamente- vetada en el núcleo urbano, pero el visitante dispone de una zona de aparcamiento en la Alameda.
Una vez alcanzado el inmueble, ha de seguir su ruta hacia la calle Blasco de Alagón, seguramente la más reconocible de la ciudad. Compuesta por decenas de soportales medievales, sus bajos han sido colonizados por tiendas, bares y restaurantes que nos animan no solo a transitar, sino también a comprar recuerdos o devorar alguna de las delicias que, en forma de repostería, embutidos o quesería, los morellanos ponen a nuestro alcance.
La Pla de l’Estudi
Superada la calle Blasco de Alagón, el paseo desemboca en el Pla de l’Estudi, seguramente uno de los lugares más fotografiados del municipio. Abierta por su parte meridional a un espectacular paisaje -no dejéis de asomaros a su mirador-, la sencillez de sus fachadas blancas, salpicadas de balcones de madera, resulta hipnótica. Cuentan que en una de estas viviendas se impartió -desde el siglo XV hasta el XIX- Humanidades y Latinidades, y de ahí su nombre. Un reloj de sol, obra del escultor y artista morellano Joan Valle, nos indicará las horas si a estas alturas del periplo ya hemos perdido la noción del tiempo.
Basílica de Santa María
Todavía en el casco urbano, y antes de dirigirnos al castillo, son varios los monumentos que no deberíamos dejar de visitar porque este municipio, que cuenta alrededor de 2.300 habitantes, tiene un patrimonio arquitectónico que nos habla de la importancia histórica que tuvo en el pasado. Su iglesia arciprestal, con sus imponentes puertas de los Apóstoles y las Vírgenes, es una parada obligatoria.
Desde aquí deberemos dirigirnos hacia el convento de Sant Francesc, que en el futuro formará parte de un parador nacional. Su claustro conserva toda la belleza del gótico, si bien es el fresco, situado en una de sus capillas, el elemento más característico. En la pintura de la Danza de la Muerte se unen personajes de todos los estamentos sociales para recordar que, más allá de las clases sociales, todos tenemos un mismo destino. Pintado en el siglo XV, está considerado como una de las pinturas más antiguas del arte macabro español.
En este punto corresponde coger aire. Ha llegado el momento de subir al castillo. Situado a 1.070 metros de altitud, el visitante hará bien en recargar energía antes de tomar tan importante plaza. El esfuerzo, sin embargo, merece la pena. Considerada una de las fortalezas más importantes del Mediterráneo, punto de control en el tránsito entre interior y costa, se levantó aprovechando la piedra natural de la muela. Aunque se tiene constancia de la presencia humana desde el Neolítico, es a partir de la conquista cristiana -en el siglo XIV- cuando se alzan los muros actuales. Hoy podemos asomarnos a ellos para observar el enjambre de tejados rojizos bajo nuestros pies y tener, además, una panorámica excelente de los dominios de los reyes medievales.Por este recinto, según cuentan, pasearon el Papa Luna, San Vicente Ferrer, o el general carlista Cabrera, quién convirtió Morella en su particular fortín. Sobre las vicisitudes de este lugar podemos aprender esto y mucho más en el Palacio del Gobernador, construido aprovechando una gran cueva del castillo.