martes, 26 de septiembre de 2023

Navarra, Sangüesa y Tudela



La joya de la corona de esta localidad es la Iglesia de Santa María la Real, pieza clave del arte medieval navarro, cumbre del románico y declarada Monumento Nacional en 1889. En tu visita debes poner especial atención a su portada, decorada con una riqueza que asombra. Multitud de esculturas que representan el antiguo y el nuevo testamento, diferentes oficios, animales fantásticos y caballeros medievales entre otros motivos. Descubrirás dos partes bien diferencias y esculpidas de forma muy diferente atribuidas a dos autores: Leodegarius y San Juan de la Peña.


Al lado de este majestuoso edificio se encuentra otro de los emblemas de Sangüesa; el puente de hierro que da entrada a la Ciudad. Está ubicado en el mismo sitio en el que antaño se encontraba el puente de piedra que era paso obligado entre Navarra y Aragón.

Continuamos la ruta y llegamos al Ayuntamiento uno de los consistorios más antiguos de la Comunidad Foral, un interesante edificio civil de 1570 en el que destaca el porche que recorre toda su parte baja. Y a escasos metros te toparás con el Palacio Castillo Príncipe de Viana también conocido como palacio de los Reyes de Navarra. Una construcción del siglo XIII que evoca los tiempos en los que Sangüesa era Corte del Reino y que ahora se usa como biblioteca.

Paseando por su calle Mayor se llega al Convento de San Francisco de Asís, fundado en 1266 se dice que por el propio santo. Algunos de los elementos artísticos más importantes de este lugar son su portada, su claustro gótico o su colección de estelas funerarias. Este junto al Convento del Carmen son los únicos que se conservan de los cuatro que hubo en la ciudad.

A tan solo unas calles se llega al Palacio de Ongay - Vallesantoro un edificio del siglo XVII de estilo barroco que luce adornos coloniales de Méjico y Perú. Además, en su fachada destaca uno de los aleros en madera más espectaculares de la Comunidad Foral. Cuenta con trece canes que representan animales fantásticos que atrapan cabezas humanas, flora y frutas exóticas, fondos indios y figuras grotescas. Una construcción peculiar por fuera y por dentro en la que además tienen lugar un gran número de actividades culturales y espectáculos.

De Sangüesa se dice que tiene un monumento en cada calle y esta expresión no es nada exagerada. Todavía te quedan por visitar la Casa de los Sebastianes, Iglesia de San Salvador, el palacio de los Iñiguez de Abarca, el portal de Carajeas, el hospital de peregrinos o la Cruz de San Lázaro entre otros. Además, no nos podemos olvidar de sus ermitas, lugares por los que los sangüesinos y sangüesinas sienten una gran devoción. La ermita de la Nora a orillas del río Aragón, la de San Babil o la de Nuestra Señora del Camino son las que ocupan el entramado urbanístico de la ciudad.

                              





 






 



 


Portal arco de Carajeas y el otro














   Del conjunto arquitectónico sobresale la catedral, cuyo interior es de estilo cisterciense y guarda un bello claustro románico, un gran retablo mayor con pinturas del siglo XV e innumerables capillas con retablos góticos, renacentistas y barrocos, la talla románica de la Virgen Blanca, la gótica de Santa Ana y una hermosa sillería renacentista.
   También destacan la iglesia románica de la Magdalena, de hermosa portada y torre; el conjunto barroco de la iglesia de San Jorge y su antiguo claustro y convento; y la iglesia de San Nicolás, que conserva un tímpano románico al estilo del de la Magdalena. 
  Entre sus casas palaciegas y señoriales, cabe citar el palacio renacentista del Marqués de San Adrián, con espectacular alero y escalera; y el palacio barroco del Marqués de Huarte. 
  No debe olvidarse un recorrido por sus singulares plazas, como la de Mercadal, donde se encuentra la casa de Cultura Castel Ruíz; la plaza Vieja o la plaza de los Fueros, del siglo XVII, presidida por la casa del Reloj y decorada con cerámicas de escudos y escenas taurinas.





   




 

Santa María, la catedral olvidada, la màs antigua del país vasco navarro


XI sobre una antigua mezquita



La puerta del infierno

 


 



  

Tirar de la manta museo

        







lunes, 25 de septiembre de 2023

Navarra, Javier y Monasterio de Leire






   El bello entorno natural que acompaña al monasterio de Leyre explica que a lo largo de su historia haya sido refugio de reyes y obispos, icono de Navarra y escenario de celebraciones oficiales.
Buscando la vecindad de la montaña, el monasterio se construyó en la falda de la sierra del mismo nombre, en un lugar apartado, mirador abierto hacia picos cercanos y lejanas cadenas montañosas, naturaleza embellecida por el agua de tonos verdes y azules del cercano embalse de Yesa.




   Durante la dominación árabe, del siglo IX al X, fue refugio de los reyes y obispos de Pamplona. El monasterio alcanzó su máximo esplendor en tiempos de Sancho García el Mayor, de su hijo García de Nájera y de su nieto Sancho de Peñalén.


    Después de haber sido destruido por Almanzor, Sancho García lo hizo reconstruir en 1022. La cabecera del coro y la cripta se construyeron en estilo románico, fueron introducidas las reglas de los cluniacenses y partiendo de él se construyeron numerosas hosterías y hospicios a lo largo del camino de Santiago. Desde el siglo XI la cripta sirvió de panteón real. En ella se encuentran los sepulcros de varios reyes de Navarra.
   En el año 1307 el monasterio fue entregado a la orden de los cistercienses. Leyre no consiguió escapar a la Desamortización de Mendizábal y estuvo deshabitado entre 1836 y 1954, cuando se establecieron los monjes benedictinos de Santo Domingo de Silos.

      





La iglesia monacal de San Salvador es el punto central del monasterio y tuvo gran importancia en el desarrollo de la arquitectura monacal en España. El monasterio de Leyre esconde magníficos tesoros como la cripta del s. XI, la bóveda gótica o la «Porta Speciosa», un perfecto pórtico románico del s. XII.

Llama la atención el exterior de los tres ábsides semicirculares de igual altura y una configuración lineal muy interesante desde el punto de vista estilístico. En el ábside se encuentra la cripta y la cabecera del coro a la cual se incorpora la nave central. La cabecera del coro es la parte más antigua e importante del templo.

La cripta -la parte más antigua de todo lo conservado- posee un ingreso de características muy peculiares y carente de decoración, en el que se advierten los comienzos de la arquitectura románica. El interior tiene unas potentes columnas hundidas en el suelo y coronadas por sencillos pero bellos capiteles.

El angosto recinto, en el que se acumulan masas de piedra, con fustes de escasa altura y robustos capiteles consigue estremecer y es una clara muestra de la sobriedad propia del románico más arcaico.

Un interesante pórtico comunica la cripta con la nave central, rodeado por un muro románico que constituye el límite meridional de dicha nave y se advierten en él influencias leonesas y de Jaca. El ingreso en la nave principal se efectúa traspasando el pórtico principal, de profusa ornamentación, que recuerda la de la Puerta de las Platerías de Santiago de Compostela.

Las columnas de la entrada presentan capiteles decorados y los espacios entre los arcos están adornados con esculturas.

Merecen también atención el tímpano, el sencillo pórtico y los capiteles de las columnas del coro de la iglesia.

 


                         


La leyenda de San Virila
Según la tradición, Virila no comprendía el misterio de la eternidad del cielo ni de su interminable felicidad. Un día fue atraído por los trinos de un ruiseñor y se adentró en el bosque. Extasiado, permaneció oyendo al pajarillo durante 300 años y al volver creyendo que sólo había transcurrido un rato, los monjes tuvieron que recurrir al archivo para reconocerle.
En ese momento el pajarillo volvió y Dios se le apareció para hacerle comprender que la felicidad celestial era muy superior a la sentida al oír el canto del ruiseñor.

 

 


                 


 

     

    


                           


                               

Castillo de Javier
En un principio, fue una torre de vigilancia en un lugar estratégico entre los reinos de Navarra y Aragón, con el tiempo se le fueron adosando estancias y murallas.


           
                          
                                
 Tiene tres torres y tres secciones de diferente antigüedad: 
La Torre del Santo Cristo, con el bastión y una capilla que alberga un crucifijo del gótico tardío, conocido como el Cristo de la Sonrisa y pinturas murales que representan a la danza de la muerte.
La torre del homenaje o de San Miguel, es la parte más antigua del castillo.
El museo es la edificación dedicada al santo.
La tercera torre del castillo es la de Undués, una antigua bodega. Los restos arqueológicos hallados en las inmediaciones dan cuenta de basamentos y zócalos musulmanes del siglo X, además un recinto envolvente del siglo XI, y otras estructuras expansivas del siglo XIII. 

                                         



Este es uno de los pocos castillos que conservan buena parte de sus defensas y las estructuras que lo componen. El acceso se hace cruzando un puente levadizo.






Parte de la exhibición, una especie de museo, se encuentra en las antiguas caballerizas y contiene obras de arte, antiguos utensilios, esquemas, planos, documentos y cálices además de una maqueta a escala del castillo.
Bajando por la escalera del cojo, se accede al recinto más antiguo del castillo, la habitación del Santo, donde vivió San Francisco Javier desde joven hasta 1525, cuando se marchó a Paris para estudiar en la universidad.

El Molinaz
Es un molino del siglo XIII, una joya arquitectónica y una obra de sillería de estilo ojival, se encuentra a la orilla del río Aragón y a 1,5 kilómetros de distancia del castillo, formaba parte de las propiedades de los Señores de Javier. Aún se conservan los muros a media altura en torno al molino, una escalera de piedra que era parte de la estructura original y el hoyo de entrada y salida del agua. En los alrededores se construyó un área recreativa por lo que es un lugar excelente para andar y compartir un picnic.

Las  Javieradas
La villa de Javier es famosa por ser el lugar de nacimiento de San Francisco Javier, el Patrono de las misiones y la juventud. En 1886, una epidemia de cólera asolaba la región y la feligresía, en las iglesias, le pedía a San Francisco Javier por sanidad. Este hizo el milagro de salvarlos y por eso el primer o segundo fin de semana de cada mes de marzo los habitantes de Javier y las poblaciones vecinas salen andando, en romería, hasta el castillo de Javier.
Las Javieradas atraen miles de peregrinos de todas partes de España y se celebran durante la semana de la novena de la Gracia, del cuatro al doce de marzo. Dependiendo de la distancia las rutas son más o menos largas y tienen puntos prestablecidos donde paran a comer, a descansar y pernoctar.
El segundo domingo de marzo se celebra un Viacrucis de ocho kilómetros desde Sangüesa hasta el Castillo de San Javier, en donde se realiza una misa al aire libre con la que se cierra el evento hasta el año siguiente.



Iglesia en honor a la Anunciación de nuestra Señora
Inicialmente fue construida como una abadía en el siglo XV por orden de los padres de San Francisco Javier, quien fue bautizado allí. En el siglo XVII fue recuperada y las reformas se hicieron en estilo barroco. La decoración interior tiene retablos del Sagrado Corazón y la Virgen aprendiendo a leer, ambos del siglo XV, así como una talla de Santa María de Javier y una pila bautismal de piedra. El retablo central es del siglo XVIII y en el se representan a la Anunciación, San Ignacio y San Francisco Javier.