Sierra Nevada, el macizo montañoso más alto de la España peninsular, une y separa la comarca de las Alpujarras de la ciudad de Granada. Si quisiera llegar por el camino más corto a la capital desde alguno de los pueblos de esta extraña región de bosques, barrancos por donde se despeña la nieve derretida y veredas que en apariencia no conducen a lugar alguno, no tendría más remedio que trepar hasta los pies de las cumbres del Mulhacén (3479 m) y el Veleta (3396 m) y sortear sus lagunas glaciales; tropezaría con manadas de cabras hispánicas y vislumbraría a lo lejos, el quieto Mediterráneo y la costa norteafricana tras él. Hoy, gracias a Europa, tengo una autopista y una buena carretera desde la que me acerco a estos pueblos alpujarreños.
Gerald Brenan decía, hace un siglo, que las Alpujarras eran un insólito país que no guardaba relación alguna con el resto de Andalucía. Cuando sus amigos escritores del denominado grupo de Bloomsbury, llegaban de visita, Brenan los hacía entrar en los pueblos más recónditos de la comarca. Entonces, no tenían otra salida que reconocer que se hallaban en un lugar excéntrico y distinto a todo, herencia de los últimos moriscos mezclada con la sangre de cristianos viejos tras agotadoras batallas que habían quedado arrinconadas en los libros de historia.
Esto es la ALPUJARRA
Dejo la autovía y enlazo con una carretera nacional. Según voy llegando a Órgiva, inicio de mi aventura, me encuentro con unos personajes del Quijote. No son los molinos, sino las ovejas trashumantes que vuelven de las zonas más calientes, cercanas al mar y ascienden a las sierras todavía blancas. Me guste o no, tienen prioridad. Órgiva forma parte del Parque Natural de Sierra Nevada y se ubica en su vertiente sur. En Órgiva confluyen el río Guadalfeo y su afluente el río Chico.
Conjuga en su urbanismo y estilo de vida, rasgos modernos con aquellos otros que desde hace siglos perduran en La Alpujarra casi intactos, y convierten a este lugar en un espacio único.
Órgiva es también nudo de comunicaciones de la que parten cuatro carreteras: a la Costa del Sol, otra a Granada, una tercera conduce a la costa granadina y otra se adentra en el corazón de La Alpujarra granadina, subiendo hacia Soportújar, Pampaneira, Bubión, Capileira y Trevélez . Éste es mi camino...
La iglesia presenta en su fachada dos torres gemelas de planta octogonal con remates de pizarra muy agudos, lo que le da una imagen inconfundible a la localidad de Órgiva.
Conjuga en su urbanismo y estilo de vida, rasgos modernos con aquellos otros que desde hace siglos perduran en La Alpujarra casi intactos, y convierten a este lugar en un espacio único.
Órgiva es también nudo de comunicaciones de la que parten cuatro carreteras: a la Costa del Sol, otra a Granada, una tercera conduce a la costa granadina y otra se adentra en el corazón de La Alpujarra granadina, subiendo hacia Soportújar, Pampaneira, Bubión, Capileira y Trevélez . Éste es mi camino...
En la plaza, al lado del Ayuntamiento está la oficina de Turismo. Es temprano y está cerrada, pero en su fachada hay un buen mural de azulejos, que me va a servir de guía.
Estas esculturas del Quijote y de García Lorca anuncian la entrada a la Biblioteca del pueblo...
La arquitectura de los pueblos del valle de Poqueira, que así nombran a esta zona, es sencilla, debido al aislamiento histórico de la zona, que obligó a utilizar materiales fáciles de encontrar en zonas cercanas.
La forma más sencilla de construir es buscar espacios planos en la ladera de la montaña. Cada vivienda se apoya en la de abajo. Las calles son empinadas y las casas escalonadas, con tejados planos de pizarra que sirven de terraza a la situada más arriba, al estilo originario de las casas norteafricanas.
Las viviendas están totalmente adaptadas al terreno montañoso sobre el que se asientan. Una de las mejores expresiones de uso del espacio son los tinaos alpujarreños, caracterizados por calles públicas cubiertas entre una casa y otra, sobre las que se crea nuevo espacio. Información básica para empezar mi recorrido.
La forma más sencilla de construir es buscar espacios planos en la ladera de la montaña. Cada vivienda se apoya en la de abajo. Las calles son empinadas y las casas escalonadas, con tejados planos de pizarra que sirven de terraza a la situada más arriba, al estilo originario de las casas norteafricanas.
Las viviendas están totalmente adaptadas al terreno montañoso sobre el que se asientan. Una de las mejores expresiones de uso del espacio son los tinaos alpujarreños, caracterizados por calles públicas cubiertas entre una casa y otra, sobre las que se crea nuevo espacio. Información básica para empezar mi recorrido.
Soportújar, donde viven «las brujas».
Un poco más abajo, en el tranquilo pueblo de Carataunas, los ancianos señalan montaña arriba y susurran con espanto: «En las noches de luna llena las mujeres se reúnen en la Era, formando un círculo, se toman las manos y conjuran a los demonios».
La gente de Órgiva, opina que algo extraño sucede: «Las hechiceras se untan los sobacos con manteca para volar».
Leyendas de hace siglos eran contadas a media voz a la luz de las velas, bajo la sombra de la Inquisición, en este rincón al sur de Sierra Nevada: la Alpujarra.
Soportújar me invita a un akelarre entre historia y ficción. Es el pueblo de las brujas en Granada.
¿Por qué a los habitantes de Soportújar se les conoce como «los brujos»?
La tradición se fundamenta en el origen gallego de sus ancestros, tras las repoblaciones acaecidas con la expulsión de los moriscos en época de Felipe II.
Se dice que en esta aldea se instalaron colonos del norte con costumbres y leyendas paganas: hablaban de meigas, akelarres, de rituales en las noches oscuras... Si bien el origen no ha sido confirmado por las fuentes históricas, lo que sí se sabe seguro es que hubo varias denuncias de brujería ante la Inquisición. Esto llevó a que el «santo oficio» investigara a varias mujeres, por sospechas de herejía... Pobres mujeres...Ya me imagino cuál fue su final.
El camino que lleva hasta los pueblos del barranco del Poqueira se ensancha frente al valle. El barranco, una herida geológica a los pies del Mulhacén, lo conforman tres pueblos. Pampaneira, Bubión y Capileira son los municipios más conocidos de la comarca, pero también los más encantadores y los que poseen mayores comodidades para los que llegan como yo. Tengo ganas de conocerlos.
A la entrada de Pampaneira, un azulejo artístico me llama la atención : «Viajero, quédate a vivir con nosotros». En cada esquina aguardan leyendas y crónicas, cuando a lo largo del siglo XVI, perdida Granada, los súbditos nazarís hallaron asilo en estas soledades antes de que las insurrecciones, los obligaran a exiliarse en la orilla sur del Mediterráneo.
Los nombres de estos municipios evocan, además, otros territorios. Los historiadores no se ponen muy de acuerdo, pero al parecer fueron colonos procedentes de tierras asturianas y gallegas los que se instalaron en estos pueblos cuando los últimos moriscos fueron expulsados.
La iglesia de Pampaneira, consagrada a la Santa Cruz, se alza frente a la plaza de la Libertad, un espacio ancho, luminoso, aterrazado por las calles que suben a los barrios altos.
Hay un molino y un lavadero tradicional, y por mitad de las calles, entre ordenados canales, discurren las aguas que riegan las huertas a los pies del pueblo.
A la plaza se asoman comercios tradicionales que venden las célebres jarapas, alfombras de vivos colores que recuerdan la artesanía recuperada de principios del pasado siglo.
Hay una gran producción de cestería, realizada con los juncos que crecen localmente en las suelos encharcados de la zona. Se utiliza desde hace siglos, la tradición se remonta a los antiguos campesinos, que los utilizaban para tejer alforjas. En la actualidad podemos encontrar bolsos, cestas, artículos decorativos, alpargatas,…
¡Y chocolate!
Y para seguir conociendo pueblos, sigo por la carretera ascendente. Como si del "metro" se tratara, las señales me anuncian "próxima parada": Bubión.
Bubión tiene calles serpenteantes y estrechas, adornadas de pasadizos y miradores desde donde consigo una vista impagable del barranco. Las casas están aterrazadas y el techo de la primera sirve de sostén a la que se alza por encima, ya lo había leído. Los terraos están cubiertos de launas, piedras de pizarra oscura que soportan a su vez el peso de unas peculiares chimeneas coronadas por dos lajas a modo de sombrero.

Su iglesia está dedicada a Nuestra Señora del Rosario y, al igual que los templos de Pampaneira y Capileira, fue construido en estilo mudéjar a principios del siglo XVI.
Cojo el coche y sigo ascendiendo. Llego a Capileira que es el pueblo más alto del barranco.
Los Tinaos, que en este pueblo me parecen más abundantes. Tal vez sea porque es el pueblo más alto y el clima más extremo (?)
Al llegar a Pórtugos, me detengo frente a la Fuente Agria, el caño de agua situado a la entrada del pueblo. Está al pie de la ermita.
Tiene algo épico acabar un viaje por las Alpujarras a 1.476 m, uno de los municipios más altos de España. Una carretera bordeada de castaños, alcornoques y moreras me lleva a Trevélez
Trevélez se divide en tres sectores: Alto, Medio y Bajo.
El Lavadero y más casas



Las casas blancas como la nieve de la sierra, están encalladas entre barrancos por cuyas cicatrices se precipitan en primavera las aguas limpias del deshielo.
Son calles mínimas, zigzagueantes, que suben y bajan, callejones sin salida, una trama laberíntica por debajo de la iglesia de la Virgen de la Cabeza que cobra un atractivo singular cuando cae la tarde.
La edificación se repite, pero cada pueblo tiene su identidad
Las calles son estrechas y empinadas, las plazas son asimétricas y no guardan similitud entre ellas.
Una vez cumplido el objetivo en estos cuatro pueblos me quiero acercar a Trevélez, no sin antes visitar Pórtugos.
Al llegar a Pórtugos, me detengo frente a la Fuente Agria, el caño de agua situado a la entrada del pueblo. Está al pie de la ermita.
Antiguamente, los médicos aconsejaban beber de ella a las personas afectadas de anemia, tuberculosis y lo que se llamaba «flojera de espíritu», porque su agua ferruginosa, cargada de hierro que oxida las piedras, aseguraban que recomponía el cuerpo. Voy a probarla.
Cascada del Chorrerón
Tiene algo épico acabar un viaje por las Alpujarras a 1.476 m, uno de los municipios más altos de España. Una carretera bordeada de castaños, alcornoques y moreras me lleva a Trevélez
Las últimas casas del barrio Alto se alzan por encima de los 1500 m, a un salto de los senderos que trepan hasta las lomas de Sierra Nevada.
En la parte media del pueblo las casas, próximas a secaderos donde hace décadas que se curan jamones y chacinas de los cerdos criados por estos lares.
El Lavadero y más casas
Y en la partde baja del pueblo los restaurantes y las tiendas donde se venden estas delicias de la naturaleza.
¡Adiós Alpujarra granadina!